El divorcio (César Aira)
Si el mecanismo más famoso atribuido a Aira es la fuga hacia delante, esta novela ensaya una variante: la fuga con retorno al origen. ¿Cuál es ese origen? Está en el título: el divorcio de un ignoto norteamericano que decide fugarse a un país del sur mientras se calman las aguas de su desvinculación. Recala en el barrio porteño de Palermo y rápidamente se integra a su vida hedonista.Desde ese lugar, un bar intercambiable entre los muchos que florecen allí, y mientras charla con un personaje típico de esa fauna, algo acontece. Ese instante es rebanado y, del espacio entre las fetas del tiempo, salen historias que el narrador omnisciente persigue hasta el último detalle, llevando el recurso hasta el límite.
Si el libro fuera un libro de cuentos, estas serían las historias que lo conformarían:
* la de los niños del internado que, al escapar de un incendio, terminan apretujados dentro de una maqueta del propio internado;
* la del niño aprendiz de escultor que no es tal, con su spin-off sobre un Krishna viviente;
* la de la madre de uno de los personajes, atacada con cinco balazos en la cara, y su recuperación imposible;
* la biografía de la mujer de la historia anterior y su increíble carrera laboral que lleva a un misterio bibliográfico;
* la fábula final que vuelve verosímil todo lo anterior.
Original: https://www.goodreads.com/review/show/8662359183
Las curas milagrosas del Doctor Aira es una novela típica de su autor en el sentido de que empieza a tientas, con dos partes en apariencia inconexas en las que se presenta al personaje (que, para mayor juego, lleva el nombre del autor): su estado actual y su historia. Hasta ahí, una novela de peripecias.
El sábado pasado estuve en un casamiento y charlé con una niña llamada Margarita. Su nombre me quedó resonando y por eso el domingo pasado elegí esta novela de entre las muchas de Aira que tengo por leer.
Sobre César Aira se suele decir que en un momento de la escritura se aburre y termina las novelas abruptamente. En particular, el ejemplo canónico de este procedimiento que escuché más de una vez es el de una novela en la que al final al protagonista lo mata un caballo. Punto final.
Si existe un tipo de novela de César Aira en la que cada capítulo redefine al anterior, el caso más simple es aquel en el que durante la primera mitad del libro creemos estar leyendo una cosa y en la segunda mitad eso se redefine por completo. El panadero es una novela de ese tipo.
Según mi diario, leí el primer capítulo de La sala el 23 de noviembre, en un kiosco de Aeroparque. En mi siguiente visita a Buenos Aires compré la novela, junto con otras diez o más. Las dejé todas sobre el escritorio y, después de Una aventura, se me antojó seguir con esta, quizá porque ya la tenía “empezada”.
Ahora que la marco como leída y resto la fecha de inicio a la de fin, me doy cuenta de que leer esta novelita de menos de cien páginas de Aira me llevó casi diez días. Anoté en mi diario:
Como las novelas de Aira qué más me gustan son las que trafican biografía, me atrapó particularmente la priemra parte del libro, en la que desde la óptica de la Princesa se nos habla del oficio de traductor.
Biografía, este es el nombre del personaje, se pregunta cómo hacer para llenar el tiempo. Está paranoico y más tarde que temprano comprenderemos por qué. Algo interesante es que una metáfora que aparece muy temprano en la novela pasa al plano de la realidad casi sin esfuerzo (para el lector; esto no es verdad en muchas novelas de Aira que nos exigen que aceptemos de una página a otra que toda la configuración alrededor de un personaje cambie casi por arte de magia) y se integra a la trama hasta el final del libro.
En la novela el autor de una Historia del Arte inconclusa que se dedica a la bebida se adentra a pie y sin preparación en uno de los bosques más extensos e inexplorados del planeta. “El bosque se alzaba frente a mí con la prepotencia del laberinto y el silencio del enigma”. La subtrama más interesante es la de los fondos de los cuadros de Picasso. El final, que podemos fechar en las últimas ocho líneas de la última página, es genial porque cierra tanto la trama de la novela como el impulso original que llevó a Aira a escribirla.
Es del tipo de libro de Aira que menos me gusta, es decir, aquel en el que la historia delira hacia adelante y no se puede saber qué va a pasar en el siguiente capítulo o hacia dónde irá la historia. Ni siquiera a qué personaje seguirá. Fuera de esto, hay largos pasajes que tienen una maestría narrativa envidiable. No digo nada nuevo.
No se puede hablar de este cuento editado por Lux sin detenerse antes en su factura. Impreso en papel ahuesado, la tapa de cartón plegado parece haber sido intervenida artesanalmente: pintada con tempera, su olor embriaga al lector antes que el texto tenga oportunidad de hacerlo.
Este libro cae dentro del subtipo "novela delirante" dentro de la obra de Aira. Me interesó porque los personajes son personas reales (académicos de Rosario, estudiosos de la obra de Aira). Para ahondar más en el procedimiento utilizado, rescato un fragmento que tiene aire de ars narrativa:
Una novela para leer de una sentada (aunque yo la leí en dos) que parte de un episodio verídico de la vida del autor: la demora en la publicación de su primera novela. Solo que en este caso la publicación se demora y se demora (no solo por culpa del editor, sino también por culpa del autor que cada vez tarda más tiempo, incluso periodos ridículamente largos, años, en volver a llamar cada vez que el editor le dice que ha sorteado casi todos los obstáculos que faltaban).
El texto está conformado por cuatro conferencias consecutivas que César Aira impartió sobre su amiga, la poeta Alejandra Pizarnik.
Ideal para leer en el celular. Al estar compuesto por entradas cortas (de un párrafo a un par de páginas), uno puede usarlo para rellenar tiempos muertos, conciliar el sueño o leer en entornos con muchas interrupciones.
Un cuentito con conciencia de sí mismo y en el que Aira también habla de su obra en forma encubierta.
Escrita en un único bloque sin divisiones o descansos, El mago es una novela escrita en el año 2000 que puede leerse en clave mito de origen. El protagonista es un mago de escenarios pero a la vez es un mago de verdad, el único de mundo.
Como Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño (2000, 152 páginas) o Pequeña flor, de Iosi Gabillo (2015, 122 páginas), Lugones, de César Aira está escrita en un único párrafo. Párrafo que, en la edición que tengo yo (la única hasta el momento), comienza en la página 7 y termina en la página 179 con la fecha "17 de mayo de 1990". Fecha en la que se supone el manuscrito se terminó de redactar. Digo "se supone" porque en una novela que ficcionaliza hasta el delirio onírico la vida de un escritor (y más que la vida, una parte de el último día de su vida), el dato bien podría ser también una invención. Al fin de cuentas, Aira es admirador de Borges.
No me enganchó, pero es tan cortito que hoy me senté y lo terminé (me faltaban siete de diez capítulos).
Primera novela de Aira que leo.