El divorcio (César Aira)



Tapa de El divorcio (César Aira)Si el mecanismo más famoso atribuido a Aira es la fuga hacia delante, esta novela ensaya una variante: la fuga con retorno al origen. ¿Cuál es ese origen? Está en el título: el divorcio de un ignoto norteamericano que decide fugarse a un país del sur mientras se calman las aguas de su desvinculación. Recala en el barrio porteño de Palermo y rápidamente se integra a su vida hedonista.

Desde ese lugar, un bar intercambiable entre los muchos que florecen allí, y mientras charla con un personaje típico de esa fauna, algo acontece. Ese instante es rebanado y, del espacio entre las fetas del tiempo, salen historias que el narrador omnisciente persigue hasta el último detalle, llevando el recurso hasta el límite.

Si el libro fuera un libro de cuentos, estas serían las historias que lo conformarían:

* la de los niños del internado que, al escapar de un incendio, terminan apretujados dentro de una maqueta del propio internado;
* la del niño aprendiz de escultor que no es tal, con su spin-off sobre un Krishna viviente;
* la de la madre de uno de los personajes, atacada con cinco balazos en la cara, y su recuperación imposible;
* la biografía de la mujer de la historia anterior y su increíble carrera laboral que lleva a un misterio bibliográfico;
* la fábula final que vuelve verosímil todo lo anterior.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8662359183

Las curas milagrosas del Doctor Aira (César Aira)



Tapa de Las curas milagrosas del Doctor Aira (César Aira)Las curas milagrosas del Doctor Aira es una novela típica de su autor en el sentido de que empieza a tientas, con dos partes en apariencia inconexas en las que se presenta al personaje (que, para mayor juego, lleva el nombre del autor): su estado actual y su historia. Hasta ahí, una novela de peripecias.
Pero en la tercera parte acontece la magia: la cura. El doctor, de quien sabemos que intuyó el método de las curas milagrosas en su infancia pero que en realidad nunca lo puso en práctica, encuentra su oportunidad. La novela, en esa última parte, se vuelve borgeana, con herramientas de El Aleph y de Funes el memorioso. Las últimas 25 páginas son de una maestría para narrar ideas abstractas que es para sacarse el sombrero. El sombrero metafísico.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8633908425

Retrovértigo / La novia inglesa (Sebastián De Caro)



Tapa de Retrovértigo / La novia inglesa (Sebastián De Caro)El libro esta formado por dos novelas cortas, pero en lugar de ser una a continuación de la otra tenemos una y para leer la otra hay que dar vuelta el libro y volver a empezar. Es decir, es un libro con dos tapas. No tiene contratapa.

Retrovértigo me pareció un buen planteamiento pero no me terminó de convencer la forma en que está contada. Y no me refiero a los pocos capítulos que saltan de personaje o de escena, sino que el problema para mí está al interior de cada capítulo. Como si los capítulos en lugar de ser narrados fueran contados, hablados. Puede ser una búsqueda a propósito pero no me convenció.

La novia inglesa me gustó mucho más. Tiene un arranque que recuerda a las películas de Llinás: "La novela empieza así", un par de falsos arranques, luego una narradora femenina, luego la irrupción de algunos eventos inesperados. El final no me gustó.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8547128769

El buen mal (Samanta Schweblin)



Tapa de El buen mal (Samanta Schweblin)El 26 de marzo, después de varios mensajes e intentos fallidos, pude coordinar, con un usuario de internet a quien no conocía, el intercambio de mi ejemplar de La hija de Keops, de Laiseca, por su El buen mal, de Samanta Schweblin. El libro estaba sonando y me dieron ganas de leerlo. Unos años antes había leído Distancia de rescate en una sola sentada. No tuve nunca en las manos sus anteriores libros de cuentos, pero leí algunos en internet. Tal vez, uno de cada uno. Tengo Kentukis en la biblioteca. Me la prestó una amiga hace unos años y nunca se la devolví. No la leí. Recuerdo haber empezado a hacerlo y desilusionarme. Luego leí malas críticas en internet y me amedrenté. Se sabe: como lector, a veces soy cobarde.
Empecé a leer El buen mal ese mismo día, tarde, después de un viaje largo. No terminé el primer cuento y creo que luego tampoco pude leer ninguno de corrido. No fue por falta de mérito de los cuentos sino por incapacidad mía de allocar suficiente tiempo seguido para cuentos largos. El libro tiene seis. Rescato de mi diario algunas notas de cada uno:
“Bienvenida a la comunidad”, aka “el del conejo”: terminé de leer el primer cuento de El buen mal. Venía muy bien y se pinchó. La idea original es que los suicidas fallidos deben causar dolor a alguien cada día para que la culpa les impida intentarlo otra vez. En mi opinión, el cuento debería haber terminado con ella matando al conejo.
“Un animal fabuloso”, aka “el del caballo”: recién en la tercera página me di cuenta de que la narradora y Elena tienen la misma edad. Yo me imaginaba a la narradora con la edad de la autora. ¿Cuarenta y pocos años? La solapa dice que nació en el 78. Samanta Schweblin tiene entonces seis años más que yo: 46 o 47.
“Muchos padres sobrevaloran el talento de sus hijos”. Subrayo esto porque me puede servir.
Me levanté a las 7:30, cosa que no hacía desde hace rato, y terminé de leer el segundo cuento de El buen mal. Un cuento sobre la muerte de un hijo. Se me hizo un poco abrupto el final. Y un poco extraño. Tiene algo de Distancia de rescate. La metamorfosis del niño en caballo.
“William en la ventana”, aka “el del gato”: después de tres cuentos tengo que confirmar lo que leí en alguna reseña del libro: que los cuentos logran tanta tensión que el final siempre decepciona.
En este punto de la lectura había hecho una pausa de un par de semanas, pero la tarde del 8 de abril leí en las noticias que Samanta Schweblin había ganado un millón de euros precisamente con este libro de cuentos. “Toca retomarlo”, anoté en mi diario.
El cuarto cuento es el gran hit que todos mencionan como su favorito: “El ojo en la garganta”, aka “el de la pila”. Una de las razones por las que había pausado la lectura del libro fue porque no sabía con qué me iba a encontrar en este cuento. Sabía que era sobre un padre que está cuidando a su bebé y el bebé se traga una pila. En mi condición de padre primerizo y reciente, me daba escalofríos. Leí los dos primeros bloques del cuento antes de irme a dormir.
Terminar de leer el cuento me llevó tres días. ¿No haberlo leído de corrido pudo haber afectado mi percepción y mi disfrute? Como dije, temía que me afectara la temática, pero nada de eso pasó. Lo que sí me conmovió fue un momento cerca del final. En particular la línea: “No te preocupes, papá, hemos sido felices, al principio”. Es un cuento que releeré.
“La mujer de Atlántida”, aka “el de las hermanitas”. Mi preferido del conjunto. Casi una nouvelle. Las seguís durante las noches de sus vacaciones y las ves. No solo las ves: querés ser parte de su “bandita”. Me volvió a pasar algo con el final: no es el que esperaba, en el sentido de que no termina de explicarme todo. Pero está bien. Esa es la jugada. Eso es lo buscado. Y, retrospectivamente, me hace apreciar los otros finales. Sobre todo el de “El ojo en la garganta”, donde uno parece quedarse con muchos cabos sueltos.
El último cuento del libro es “El supervisor hace una visita”, aka ¿“el del geriátrico”, “el de la vieja”, “el del dueño de un gimnasio” o “el del ladrón”? Es el más raro del libro. O, mejor dicho, el más distinto de los otros. Está narrado en tercera persona, los personajes putean, hay más violencia. ¿Quién es el Supervisor, Dios? Parece un cuento que cambia de dirección al menos tres veces. En mi humilde experiencia de cuentista, eso me ha pasado: empezar con una idea, no saber adónde llegar, después tener otra, engancharlas y pensar que funcionan. O tal vez hay detrás de todo el texto una idea más compleja que no alcancé a captar.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8527596264

Cuando levantas la mirada (Decur)



Tapa de Cuando levantas la mirada (Decur)Creo que esta es la primera novela gráfica de Decur. Antes publicó libros que eran recopilaciones de tiras cómicas y viñetas.
Cuando levantás la mirada es la historia de un niño que se muda con su madre a un pueblo. El niño tiene teléfono celular, un detalle de época que Decur decidió agregar y que, la verdad, no combina mucho con su universo de muebles antiguos de madera lustrosa, instrumentos de viento aparatosos y bicicletas de una rueda enorme. Pero vale el gesto de intentar anclarlo a la realidad aunque luego el celular no participe de la trama.
La cuestión es que Lorenzo, así se llama el niño, encuentra en una habitación un escritorio de muchos cajones y vericuetos. Esto sí es un elemento bien decuriano. En el mueble encuentra escondida una libreta con historias hechas con collage. Entonces el libro, el que estamos leyendo, va intercalando en la historia de Lorenzo esos “cuentos”.
Debo decir que al principio me sentí un poco perdido, incluso timado, por el recurso. De hecho, abandoné el libro por unas semanas. Pero, PERO, PERO, un pero en mayúsculas: luego del último cuento hay un giro en la historia que me conmovió. Además, se da algo que puede hacer el cómic y no otras formas narrativas: sorprenderte a vuelta de página. Lo voy a contar.
En el último cuento, un ratoncito flota en el mar dentro de una caja de fósforos. En un momento escribe una carta en la que dice que necesita que lo encuentren. Dice: “La puse en una botella y la arrojé”. Pasa mucho tiempo. MUCHO. Los bigotes del ratón se ponen blancos. Hasta que aparece un extraño navegante, o más que navegante, cosmonauta, por cómo está vestido, y le pregunta al ratón: “¿Esta carta es suya?”.
En primer lugar, esto me resonó porque con Pato Bordes craneamos recientemente un epígrafe para la nouvelle La mujer que saltó. Escribimos: Quien arroja al mar un mensaje en una botella espera ser rescatado. Pero el libro de Decur nos refuta. Luego de que el cosmonauta y el ratón comparten una porción de torta y el viajero se va, dice el ratón: “No quería que me rescaten, solo quería que me encuentren”.
Ahora volvemos a la historia principal. Lorenzo acompañó a su madre a un hogar de ancianos. Ella está buscando trabajo. Entonces oye que dos mujeres que trabajan ahí comentan sobre alguien que siempre está recortando papelitos. Lorenzo sale en búsqueda de la habitación mencionada. Cuando la encuentra, abre la puerta y pregunta: “¿Gregorio?”, el nombre del ratón. ¿Sí?, le contestan. En el siguiente par de páginas volvemos a ver al cosmonauta y al ratón, uno en cada extremo. El cosmonauta pregunta: “¿Este cuaderno es suyo?”. Me pareció simplemente genial. Los cuentos anteriores se resignifican y ya nos deslizamos hacia el final.


Original: https://www.goodreads.com/review/show/8438031262

Margarita (un recuerdo) (César Aira)



Tapa de Margarita (un recuerdo) (César Aira)El sábado pasado estuve en un casamiento y charlé con una niña llamada Margarita. Su nombre me quedó resonando y por eso el domingo pasado elegí esta novela de entre las muchas de Aira que tengo por leer.
En el verano de 1956-1957 nos encontramos con un joven ¿Aira? que acaba de cumplir dieciocho años, vive en un pueblo que considera chato para sus intereses intelectuales y no ve la hora de irse a vivir a Buenos Aires.
¿Qué hace ese verano? Además de dedicarse a lo que se ha dedicado los últimos años (leer), también escribe por primera y única vez poesía.
Me llamó la atención un detalle de la libreta en la que escribe: “Tenía al pie de la tapa el nombre de una marca de tractores”. Me informan que este detalle todavía coincide con la biografía del autor, pero lo que sucede en el siguiente capítulo, creo yo, ya entra en el terreno de la imaginación.
La familia del protagonista tiene un caserón en el campo donde toda la parentela pasa los veranos: muchas habitaciones, núcleos familiares que van y vienen, salen y entran. Los hombres trabajando, las mujeres cocinando, los niños jugando.
Termino el capítulo IV y Margarita apenas si ha sido mencionada. Temo que suceda lo que pasa en novelas como La aventura, que la aventura nunca es mencionada.
Pero no, esta no es ese tipo de novela de Aira. En el capítulo V Margarita aparece, y cómo. El capítulo es un largo poema en prosa donde vemos a la chica reflejada en el alma del protagonista. Subrayo mentalmente: "los libros que yo había leído se llenaban con pruebas que ella había vivido, su memoria se ajustaba a bastas bibliotecas que se volvían nuestro tesoro común".
El sexto y último capítulo no será spoileado en esta reseña.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8388523733

Parménides (César Aira)



Tapa de Parménides (César Aira)Sobre César Aira se suele decir que en un momento de la escritura se aburre y termina las novelas abruptamente. En particular, el ejemplo canónico de este procedimiento que escuché más de una vez es el de una novela en la que al final al protagonista lo mata un caballo. Punto final.
Mientras me acercaba al final de Parménides, empecé a sospechar de que probablemente me encontrara frente a esa mentada novela.
Lo comprobé, por supuesto, en la última oración. Pero debo manifestar que esta no parece para una una novela terminada a las apuradas. Es más, debo decir que de las últimas que vengo leyendo es la menos arrebatada de todas. Es más, debo decir que no es para nada arrebatada.

Luego de este prólogo, la reseña.

El tagline de esta novela bastante conocida de Aira es "la historia del primer ghost writer". Efectivamente, leemos la historia de Perinola, un poeta de supuesta fama que Parménides manda a llamar para escribir un libro. ¿Cuál libro? No importa, un libro. Uno que será importante.
Lo que sigue es otro procedimiento que aparece en varias de sus novelas, la dilación. Lo que se promete (muchas veces incluso desde el título, como en La aventura) nunca llega.
¿Nunca llega? Bueno, para hacer honor a la verdad, hay dos veces en los diez años que dura la relación comercial devenida en amistad en los que Perinola se sienta escribir.

"Era como si, dado el tiempo suficiente, los hechos de la vida pudieran crear el sentido de cualquier combinación de palabras".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8194537620

Literatura o muerte (Agustina Bazterrica)



Tapa de Literatura o muerte (Agustina Bazterrica)Los ensayos de este libro son una unidad. Recorren la obra de Agustina (3 novelas y un libro de cuentos) y su forma de escribir. Más que interesante para quien esté interesado en métodos y en obras contemporáneas.
Un subrayado: "la escritura atraviesa el cuerpo y el cuerpo atraviesa la escritura".
Como me esperaba, aparecen muchas menciones a Saer.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8266439840

El panadero (César Aira)



Tapa de El panadero (César Aira)Si existe un tipo de novela de César Aira en la que cada capítulo redefine al anterior, el caso más simple es aquel en el que durante la primera mitad del libro creemos estar leyendo una cosa y en la segunda mitad eso se redefine por completo. El panadero es una novela de ese tipo.

Empieza con una anécdota cotidiana: el personaje principal y narrador, un escritor con sequía de escritura, cruza a comprar el pan a la panadería de enfrente. Allí, las vendedoras descubren en una revista dominical barrial que él es un gran escritor y le piden que les lea el fragmento publicado en el último número.

Entusiasmado con su nuevo público y con la exposición en voz alta, el escritor escribe todos los días un nuevo texto para su pequeña audiencia. Mientras tanto, el panadero se mantiene al margen, silencioso, detrás de la caja registradora.

Pero un buen día llega y hay un problema. El panadero se ha vuelto loco y se ha amotinado dentro de la panadería. Temen “que cometa una locura”. En lugar de volver a su casa, el escritor se queda cuando es convocado para encontrar al panadero por los recovecos del edificio y hacerlo entrar en razón. Acá me da gracia una reflexión del narrador (que es el personaje, que en definitiva es Aira): decide quedarse porque “si me embarcaba en la aventura, me daría tema para escribir”. La ficción y su tema. El chiste es que Aira tiene un texto titulado El ensayo y su tema.

Después de meterse en las tripas del edificio, llega la parte de la redefinición. Nos enteramos de que el panadero y el escritor se conocieron de jóvenes. Esta historia (lo más logrado de la novela) reorganiza todo lo anterior. No avanzo más para no arruinar la sorpresa.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8162239100

La Sala: Una novela francesa (César Aira)



Tapa de La Sala: Una novela francesa (César Aira)Según mi diario, leí el primer capítulo de La sala el 23 de noviembre, en un kiosco de Aeroparque. En mi siguiente visita a Buenos Aires compré la novela, junto con otras diez o más. Las dejé todas sobre el escritorio y, después de Una aventura, se me antojó seguir con esta, quizá porque ya la tenía “empezada”.

Derian me dijo que César Aira la escribió en francés y luego la tradujo. ¿Será? La novela es de 1996 y el protagonista es un electricista proletario que encontramos viviendo en un barrio más bien bohemio de París. ¿Qué hace ahí? Nos enteramos bastante más tarde, en uno de esos giros característicos de Aira en las novelas capituladas.

Aunque en estas novelas de peripecia Aira suele cambiar las reglas del juego a medida que avanza la trama (el personaje se encuentra con una anciana coreana que luego no es coreana ni mujer; ve a Marguerite Duras y razona varias páginas sobre por qué podría estar ella ahí y luego resulta que no es; consigue un trabajo para escribir una tesis, pero resulta que el puesto es realmente para almacenar mercadería de contrabando), en esta el recurso está más contenido y no llegó a exasperarme como en Un filósofo.

"Debería atesorar la calma que estaba sintiendo en ese momento, guardar la esencia y usarla cuando me hiciera falta".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8147726301

Tuitear (Joana D’Alessio)



Tapa de Tuitear (Joana D’Alessio)El inicio y origen del libro es una anécdota mínima y reconocible. Tras romper con su novio, alguien frena por completo su intensa actividad tuitera para que él crea que le pasó algo y le escriba. No sucede. Pero sí ocurre otra cosa: muchas otras personas se hacen eco. Desconocidos le preguntan si está bien.
Ese desvío alcanza para poner en primer plano una de las ideas más interesantes del ensayo: lo que se escribe en Twitter constituye un personaje. Este, en particular, nace durante la pandemia y se afina con el tiempo hasta alcanzar una voz propia.
No soy lector de la era dorada de Joy Division: llegué cuando ya existía Vinilo Editora y cuando “las nenas”, los personajes del personaje, ya eran preadolescentes.
El librito es también registro de esa edad de oro que termina con la llegada de Elon Musk y el renombre a X. Tengo mi propia anécdota personal al respecto: tenía un bot bastante popular que, después de los cambios de gestión, dejó de funcionar y nunca rehabilité. Ahora, con el advenimiento de las IA esclavas, tal vez podría poner a una a arreglarlo. Robots que arreglan robots, pero estos robots no son de metal sino de lenguaje; ningún escritor de ciencia ficción vio venir eso. Perdón, me estoy desviando.
El texto cierra con una selección de los mejores tweets de Joy Division (¿o debería decir tuits?). ¡Ah! El lenguaje. Tuitear se ve mejor que twittear, pero tuit languidece frente a tweet.




Original: https://www.goodreads.com/review/show/8155792002

Una aventura (César Aira)



Tapa de Una aventura (César Aira)Ahora que la marco como leída y resto la fecha de inicio a la de fin, me doy cuenta de que leer esta novelita de menos de cien páginas de Aira me llevó casi diez días. Anoté en mi diario:

11 de diciembre
Mi forma de leer novelitas de Aira: de a puchitos mientras puedo y, cuando logro una hora de tranquilidad, avanzar sin parar y con suerte terminarla.

Anoche, justamente, empecé el capítulo IV (el final) y pude leerlo de corrido. Me vino bien porque ese capítulo final se encarga de desmantelar todo lo anterior.

La novela, se podría decir, es el diario de la preparación de la escritura de la novela sobre la aventura. O ni siquiera la preparación, el amague.

Tiene algunos detalles curiosos, como la invención de un trabajo futurístico que viene a cuento de poco, algunos comentarios políticos y pasos de comedia conyugal.

Tanto tiempo está el protagonista buscando el formato exacto para cristalizar su aventura (no necesariamente tiene que hacerlo por escrito) porque, además de preservar lo vivido, quiere hacerlo de tal forma que nadie sospeche lo que aconteció. Pero está escribiendo, no pintando un cuadro. Así que la mencionada “novela en clave” tiene, me parece, el número ganador.

Lo conecto con una entrevista de Aira que leí en la que decía que toda su vida está cifrada en sus novelas. En este libro escribe: "Empecé a pensar que si no encontraba el formato era porque ya lo había encontrado. Al fin de cuentas, todo es forma en el mundo; no hay nada que no lo sea. Los mensajes tienen donde meterse, y tienen para elegir. Casi siempre se esconden en la forma que no les corresponde, como para que nadie los descubra".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8120077273

Biografía (César Aira)



Tapa de Biografía (César Aira)Biografía, este es el nombre del personaje, se pregunta cómo hacer para llenar el tiempo. Está paranoico y más tarde que temprano comprenderemos por qué. Algo interesante es que una metáfora que aparece muy temprano en la novela pasa al plano de la realidad casi sin esfuerzo (para el lector; esto no es verdad en muchas novelas de Aira que nos exigen que aceptemos de una página a otra que toda la configuración alrededor de un personaje cambie casi por arte de magia) y se integra a la trama hasta el final del libro.
Es una de sus novelas que podríamos poner en la categoría artista atribulado vive una fantasía hasta que la realidad se logra imponer. Al jugar con el tema de la biografía, esta novela es más explícita que otras de Aira que ha declarado siempre contar su vida a través de las novelitas, solo que trastocadas, encriptadas (una palabra que sale en esta novela).

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8051972183

Vilnius (César Aira)



Tapa de Vilnius (César Aira)En la novela el autor de una Historia del Arte inconclusa que se dedica a la bebida se adentra a pie y sin preparación en uno de los bosques más extensos e inexplorados del planeta. “El bosque se alzaba frente a mí con la prepotencia del laberinto y el silencio del enigma”. La subtrama más interesante es la de los fondos de los cuadros de Picasso. El final, que podemos fechar en las últimas ocho líneas de la última página, es genial porque cierra tanto la trama de la novela como el impulso original que llevó a Aira a escribirla.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8084225619

Chicos de la calle (Derian Passaglia)



Tapa de Chicos de la calle (Derian Passaglia)Chicos de la calle tiene un hallazgo qué es contar una historia de gangsters de Nueva York pero que hablan como rosarinos. En algún momento intenta fugarse hacia delante como en las novelas de Aira pero se queda corto. Incluso intenta dos veces introducir elementos desopilantes, pero ninguna de las dos veces va a fondo, la primera con un poder del protagonista que le permite modificar la realidad, la segunda con unas ardillas humanizadas qué aparecen en los últimos capítulos.


Original: https://www.goodreads.com/review/show/8094368909

El bosque (Derian Passaglia)



Tapa de El bosque (Derian Passaglia)El bosque de Derian Passaglia es el primer libro de ensayos del autor. Si la palabra ensayo se siente muy cercana a “ensayo literario” y si los textos del libro reniegan de este parentesco por tener otra búsqueda, llamémoslo libro de no ficción. El bosque es entonces el primer libro de no ficción del autor y en palabras suyas el más personal. ¿Por qué? Hay varias razones. Una es que cada uno de los textos, si bien empieza abordando una obra artística o un personaje o una noticia trascendente, siempre termina inclinándose hacia un hecho personal, a veces personalísimo, de la biografía del autor. El registro diarístico no le es ajeno a El bosque. Otra razón es que el libro, ya no como obra publicada sino como manuscrito, acompañó a Derian durante varios años de su vida. Lo vemos en la ciudad natal, recordando la infancia. Lo vemos mudarse. Lo vemos incluso, si prestamos atención a los nombres femeninos que de vez en cuando deja caer, cambiar de pareja.
El paso del tiempo, elemento indisociable del libro (hasta tal punto esto es así que hace que el libro continúe luego de que su edición en papel le diera un cierre), muestra no solo un crecimiento en la escritura (en el estilo, en la aproximación a los objetos de estudio, en los temas abordados) sino que valida la felicidad que provoca su lectura. Un escritor solo puede vivir tanto tiempo dentro de un libro si en él es feliz, y la felicidad en la escritura es condición necesaria para la felicidad en la lectura.
El bosque en el libro empieza como tema (Caperucita, Blair Witch) y termina como excusa (Thoreau, Hudson). En eso también hay un gesto y una evolución. De la consigna a lo inevitable. De la búsqueda al encuentro. Nuevamente el texto como lugar de placer.
Los otros dos libros de Derian son novelas y en ambas se puede reconocer la influencia de César Aira en algunos de sus procedimientos: la fuga hacia delante, el llevar el verosímil hasta sus límites, la gracia en las transiciones. Es por eso que me llamó la atención que en la lista de obras que dan inicio a cada uno de los textos de El bosque o en la lista de obras que aparecen como digresiones (ahora recuerdo la aparición de Daniel García Helder) no aparezca alguna de Aira. Casualmente estos días estoy leyendo Vilnius (Iván Rosado, 2021). En la novela, el autor de una Historia del Arte inconclusa que se dedica a la bebida se adentra a pie y sin preparación en uno de los bosques más extensos e inexplorados del planeta. Un subrayado que podría disparar una de las entradas de Derian: “El bosque se alzaba frente a mí con la prepotencia del laberinto y el silencio del enigma”. En Vilnius se usa la metáfora de “el bosque como libro”, Derian habla del libro como bosque.
Juan José Saer, personaje en la primera novela de Derian, tiene un único libro de poesía, El arte de narrar, al que en sucesivas reediciones le fue agregando poemas. ¿Será El bosque el único libro de ensayos de Derian y lo seguirá escribiendo ad aeternum? ¿Lo está escribiendo en este momento? Si es así, le propongo la lectura de Vilnius. Ya quiero leer qué asociaciones hace entre la novela y algún pintor rosarino o entre los paseos del protagonista y un juego de la infancia.



Original: https://www.goodreads.com/review/show/8043748669

Los nuevos (Pedro Mairal)



Tapa de Los nuevos (Pedro Mairal)Los nuevos, la última y más extensa novela de Mairal, es también su regreso a los personajes adolescentes en textos de largo aliento. Desde el protagonista de Una noche con Sabrina Love, en la que un chico de pueblo se iba a la capital federal a encontrarse con su actriz porno preferida, el resto de sus novelas abordaron temas adultos: el padre, en El año perdido de Salvatierra; la involución/enfermedad en El año del desierto; la relación de pareja en La uruguaya.

Los nuevos, por estilo, está dividida en tres partes, una para cada protagonista. Aunque el índice tenga cuatro.

La primera presenta al protagonista y podría ser una nouvelle que cierra perfectamente.

La segunda transcurre en los Estados Unidos, es la más interesante en temática.

La tercera es la más interesante en cuanto a forma, ya que dos de los protagonistas “se van pasando el teclado”. La cuarta parte, según el índice del libro, es una continuación de la tercera, con la única diferencia de que ahora tenemos a los tres personajes principales en escena.

Hacia el final el relato adolescente se termina y el presente se hace más patente. La historia se vuelve un poco oscura y esa oscuridad se proyecta hacia atrás. Creo que me hubiera gustado más el libro si esa brea negra y pesada hubiera aparecido antes.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8043711469

Cuadernos de lengua y literatura. Volumen IX, Ejercicios de lectoescritura (Mario Ortiz)



Tapa de Cuadernos de lengua y literatura. Volumen IX, Ejercicios de lectoescritura (Mario Ortiz)Empecé a leer el libro durante la feria del libro al otro día de haberlo comprado. Anoté: "Leo gracias a la claridad que entra por la ventana mientras el bebé duerme y se cocina la salsa".

Mis textos preferidos y que tengo subrayados son los de Pelikan, el de Lincol, el pequeño tratado de geología moderna, el del girasol y el de la nota de diablo.

Una cita:

La poesía es ese espacio de errancia que pone en crisis las jerarquías de los lenguajes y las fronteras de los géneros.

No había leído ninguno de los cuadernos de Mario Ortiz. Ahora necesito más.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/7990629502

Las mujeres no peinan caballos (Federico Aicardi)



Tapa de Las mujeres no peinan caballos (Federico Aicardi)Primera novela de Aicardi, distinta en tono y propuesta de su segunda, Oliveros —más cercana a Stephen King, con niños y terrores de pueblo—. Aquí el registro es otro: la historia de un hombre de treinta años, edípico, que atraviesa la muerte de su padre. El relato se enmarca en un hogar dominado por la violencia: un padre brutal, una madre que lo idolatra con temor y un hijo que solo desea que su mamá sea feliz.

La novela se podría haber beneficiado de un poco más de edición; sin embargo, tiene hallazgos literarios fuertes, personajes memorables y escenas difíciles de olvidar.
La construcción del personaje del padre es uno de los grandes aciertos: Aicardi consigue que el lector sienta repugnancia por esa figura que solo por casualidad, y por compartir techo, tuvo la responsabilidad de formar a un humano. También brillan los personajes secundarios —Tutankamón, Rosamonte, Maíta, Pipo—, que seguimos recordando una vez terminado el libro.

Hay pasajes de tensión y misterio bien llevados: algo parece estar por resolverse y no se sabe si la taba caerá a favor o en contra del protagonista. El final está bien resuelto, lo que siempre es un desafío en las novelas de este tipo. Además, la narración incorpora elementos de color inolvidables: el fanatismo del protagonista por los sándwiches y su obsesión por inventar combinaciones nuevas es un ejemplo.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/7971117006

Las investigaciones literarias (Francisco Bitar)



Tapa de Las investigaciones literarias (Francisco Bitar)Aceptada la premisa de que alguien que pierde el lenguaje puede seguir siendo un ciudadano funcional, Bitar construye la más aireana de sus novelas. Es decir, al modo de César Aira: en apariencia ligera, especulativa, precisa, con un pie en la narración y otro en el pensamiento.

El protagonista es un traductor que, de tanto ir y venir entre su lengua materna y las lenguas a las que traducía, ha terminado por romper metafóricamente el puente. Se encuentra entonces incapacitado para entender y generar lenguaje. Mira la televisión y no comprende nada. Observa los libros de su biblioteca y no reconoce sentido. Abre la boca y no sale sonido.

Sale entonces a caminar, merodeando la ciudad —una imagen clásica en las últimas novelas de Bitar— hasta descubrir a un detective, figura que resuena con las novelas de Paul Auster y que el autor ya había ensayado en Taller literario. El detective intenta ayudarlo en su proceso de recuperación de la identidad, pero al enterarse de que el traductor tiene una prometida, toma su lugar. Otra imagen clásica: la del doble.

Pero al proceder como las novelas de Aira, y en particular las novelas de Aira que parten de una profesión u oficio —pienso en El mago o en El filósofo—, la trama corre hacia adelante y en un momento dado estos personajes secundarios que habían despertado el interés del lector quedan en el camino.

Aunque hay esperanza: ya desde el título se anuncia “volumen 1”. Esperemos que en el volumen 2 reaparezcan.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/7971098253

Retazos de guerra (Leandro Ríos)



Tapa de Retazos de guerra (Leandro Ríos)En febrero de 1945 los aliados bombardean Dresde. Esta nouvelle comienza unos días antes, siguiendo a una familia alemana víctima de la guerra. Pero de entre tantas familias destinadas a la tragedia, en esta hay una particularidad: la hija menor ha visto a la Virgen junto a un pozo de agua. Esa experiencia la marca para siempre, pues desde entonces escucha su voz y obedece sus órdenes. Esa obediencia, misteriosa y febril, será la que la guíe a través del infierno y le permita salir —¿ilesa?— de los escombros.

La contratapa sugiere un desenlace para la protagonista, pero si dejamos de lado el paratexto y nos atenemos solo al texto, quedamos libres de imaginar otro destino. Incluso, si nos atrevemos, podríamos leer esta historia como el origen de una supervillana.

El punto más alto de la novela es el encuentro de la protagonista con su objeto de poder, que es al mismo tiempo objeto de devoción y de placer. Lo toca y algo dentro de ella estalla. Tras la última página, bien podría estallar también hacia afuera.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/7854868745

1999 (Francisco Bitar)



Tapa de 1999 (Francisco Bitar)Lo primero que hay que decir es que este libro es parte de la serie De ahora en adelante. Una serie, si no autobiográfica, al menos en la que Bitar explora su vida, la revisita, haciéndola materia de su literatura.

Lo segundo es que esto no quiere decir que cada uno de los libros de la serie sea igual a otro en su forma y se distinga solo en su contenido, al contrario, Bitar aprovecha cada nuevo libro (de esta serie y en general) para probar un nuevo método. En este libro, 1999, eso es particularmente evidente. La novela, dividida en dos partes, arranca con una voz narradora que dice “Más de veinte años después, él anotaría: Pasa el tiempo y el año 1999 queda cada vez más lejos”. Inmediatamente, otra voz le contesta: “Lógico”. Uno se pregunta quiénes están hablando, quiénes son esos dos que dialogan, hasta que reconoce y celebra el artificio. Estas dos voces narradoras se van sucediendo, indicadas con raya de diálogo: una es la cantante, la otra hace el contrapunto.

Ese año, 1999, es clave para el personaje. Termina la secundaria, empieza la universidad, se anota en Abogacía por mandato paterno (“Kafka era abogado”, le dice para zanjar cualquier discusión vocacional). Pero no cursa: se escapa, no estudia, recorre la ciudad.

También aparece Efe, la chica de la que está enamorado y que se fue a estudiar (a vivir) a Rosario.

La novela es entonces una novela sobre la vocación, una novela sobre el amor y una novela sobre el tiempo: “Él no lo creía posible, pero incluso el recuerdo de ese año, hasta no hace mucho tan fresco en su memoria, parece ahora correr el riesgo de quedar sepultado bajo capas de vida”.

De todo nos enteramos por el diálogo entre las dos voces. Cuando la primera se regodea de más ensayando ideas, la segunda suelta alguna bomba para que la dialéctica explote y la trama avance. Así nos enteramos, por ejemplo, de las largas cartas que el protagonista le escribe a Efe, que luego se convierten en llamadas telefónicas y terminan en una invitación.

Una de sus frecuentes caminatas lo lleva sin proponérselo de la facultad de Derecho a la de Letras.

Después de esa caminata, él empieza a convertirse en escritor. Una de las voces nos explica el procedimiento (“la suya es una construcción de universos posibles por la vía de las suposiciones fluidas y cambiantes”) y luego nos cuenta cómo él lo pone en práctica, por ejemplo, con la chica de la fotocopiadora a la que apenas le ha dirigido la palabra pero con quien en su fantasía ya tienen una relación.

Pero pasa algo más al final de esa caminata epifánica. En lugar de volver a la casa se compra un pasaje a Rosario y cambia de ciudad. Nosotros, los lectores, pasamos de la parte uno a la dos. Las voces siguen hablando de él, a veces parece que lo van descubriendo al mismo tiempo que nosotros.

Una rima entre ambas partes. En las dos, al hacer referencia a un paisaje urbano, se echa mano a los fresnos cargados. En la parte 1: “es una noche sofocante, en que los faros de los autos proyectan sobre ellos, sobre sus caras, hojas inmóviles de fresnos todavía cargados”. En la parte 2: “Las ramas cargadas de los fresnos han descendido un centímetro y los caminantes más petisos, al rozarlas, se sienten de pronto fuertes”.

— ¿Qué pasa en la parte dos?

— No te lo voy a contar, hay que dejar algo para los lectores. Pero si te digo que hacia el final aparece un detalle que me hizo asentir con la cabeza. Las voces discuten sobre la inminencia del punto final y de repente se dan cuenta que el final del libro también será el final de ellas. O no, dice una, quizás seamos nosotras lo que perdure de este libro.

— Me gusta.



Original: https://www.goodreads.com/review/show/7854858974