Cuando levantas la mirada (Decur)
Creo que esta es la primera novela gráfica de Decur. Antes publicó libros que eran recopilaciones de tiras cómicas y viñetas.Cuando levantás la mirada es la historia de un niño que se muda con su madre a un pueblo. El niño tiene teléfono celular, un detalle de época que Decur decidió agregar y que, la verdad, no combina mucho con su universo de muebles antiguos de madera lustrosa, instrumentos de viento aparatosos y bicicletas de una rueda enorme. Pero vale el gesto de intentar anclarlo a la realidad aunque luego el celular no participe de la trama.
La cuestión es que Lorenzo, así se llama el niño, encuentra en una habitación un escritorio de muchos cajones y vericuetos. Esto sí es un elemento bien decuriano. En el mueble encuentra escondida una libreta con historias hechas con collage. Entonces el libro, el que estamos leyendo, va intercalando en la historia de Lorenzo esos “cuentos”.
Debo decir que al principio me sentí un poco perdido, incluso timado, por el recurso. De hecho, abandoné el libro por unas semanas. Pero, PERO, PERO, un pero en mayúsculas: luego del último cuento hay un giro en la historia que me conmovió. Además, se da algo que puede hacer el cómic y no otras formas narrativas: sorprenderte a vuelta de página. Lo voy a contar.
En el último cuento, un ratoncito flota en el mar dentro de una caja de fósforos. En un momento escribe una carta en la que dice que necesita que lo encuentren. Dice: “La puse en una botella y la arrojé”. Pasa mucho tiempo. MUCHO. Los bigotes del ratón se ponen blancos. Hasta que aparece un extraño navegante, o más que navegante, cosmonauta, por cómo está vestido, y le pregunta al ratón: “¿Esta carta es suya?”.
En primer lugar, esto me resonó porque con Pato Bordes craneamos recientemente un epígrafe para la nouvelle La mujer que saltó. Escribimos: Quien arroja al mar un mensaje en una botella espera ser rescatado. Pero el libro de Decur nos refuta. Luego de que el cosmonauta y el ratón comparten una porción de torta y el viajero se va, dice el ratón: “No quería que me rescaten, solo quería que me encuentren”.
Ahora volvemos a la historia principal. Lorenzo acompañó a su madre a un hogar de ancianos. Ella está buscando trabajo. Entonces oye que dos mujeres que trabajan ahí comentan sobre alguien que siempre está recortando papelitos. Lorenzo sale en búsqueda de la habitación mencionada. Cuando la encuentra, abre la puerta y pregunta: “¿Gregorio?”, el nombre del ratón. ¿Sí?, le contestan. En el siguiente par de páginas volvemos a ver al cosmonauta y al ratón, uno en cada extremo. El cosmonauta pregunta: “¿Este cuaderno es suyo?”. Me pareció simplemente genial. Los cuentos anteriores se resignifican y ya nos deslizamos hacia el final.
Rating: 4/5
Original: https://www.goodreads.com/review/show/8438031262
El sábado pasado estuve en un casamiento y charlé con una niña llamada Margarita. Su nombre me quedó resonando y por eso el domingo pasado elegí esta novela de entre las muchas de Aira que tengo por leer.
Sobre César Aira se suele decir que en un momento de la escritura se aburre y termina las novelas abruptamente. En particular, el ejemplo canónico de este procedimiento que escuché más de una vez es el de una novela en la que al final al protagonista lo mata un caballo. Punto final.
Los ensayos de este libro son una unidad. Recorren la obra de Agustina (3 novelas y un libro de cuentos) y su forma de escribir. Más que interesante para quien esté interesado en métodos y en obras contemporáneas.
Si existe un tipo de novela de César Aira en la que cada capítulo redefine al anterior, el caso más simple es aquel en el que durante la primera mitad del libro creemos estar leyendo una cosa y en la segunda mitad eso se redefine por completo. El panadero es una novela de ese tipo.
Según mi diario, leí el primer capítulo de La sala el 23 de noviembre, en un kiosco de Aeroparque. En mi siguiente visita a Buenos Aires compré la novela, junto con otras diez o más. Las dejé todas sobre el escritorio y, después de Una aventura, se me antojó seguir con esta, quizá porque ya la tenía “empezada”.
El inicio y origen del libro es una anécdota mínima y reconocible. Tras romper con su novio, alguien frena por completo su intensa actividad tuitera para que él crea que le pasó algo y le escriba. No sucede. Pero sí ocurre otra cosa: muchas otras personas se hacen eco. Desconocidos le preguntan si está bien.
Ahora que la marco como leída y resto la fecha de inicio a la de fin, me doy cuenta de que leer esta novelita de menos de cien páginas de Aira me llevó casi diez días. Anoté en mi diario:
Empecé leyendo las primeras 130 páginas gratuitas. En la segunda página ya supe que no iba a poder dejar de leer esta novela.
Como las novelas de Aira qué más me gustan son las que trafican biografía, me atrapó particularmente la priemra parte del libro, en la que desde la óptica de la Princesa se nos habla del oficio de traductor.
Biografía, este es el nombre del personaje, se pregunta cómo hacer para llenar el tiempo. Está paranoico y más tarde que temprano comprenderemos por qué. Algo interesante es que una metáfora que aparece muy temprano en la novela pasa al plano de la realidad casi sin esfuerzo (para el lector; esto no es verdad en muchas novelas de Aira que nos exigen que aceptemos de una página a otra que toda la configuración alrededor de un personaje cambie casi por arte de magia) y se integra a la trama hasta el final del libro.
En la novela el autor de una Historia del Arte inconclusa que se dedica a la bebida se adentra a pie y sin preparación en uno de los bosques más extensos e inexplorados del planeta. “El bosque se alzaba frente a mí con la prepotencia del laberinto y el silencio del enigma”. La subtrama más interesante es la de los fondos de los cuadros de Picasso. El final, que podemos fechar en las últimas ocho líneas de la última página, es genial porque cierra tanto la trama de la novela como el impulso original que llevó a Aira a escribirla.
Chicos de la calle tiene un hallazgo qué es contar una historia de gangsters de Nueva York pero que hablan como rosarinos. En algún momento intenta fugarse hacia delante como en las novelas de Aira pero se queda corto. Incluso intenta dos veces introducir elementos desopilantes, pero ninguna de las dos veces va a fondo, la primera con un poder del protagonista que le permite modificar la realidad, la segunda con unas ardillas humanizadas qué aparecen en los últimos capítulos.
El bosque de Derian Passaglia es el primer libro de ensayos del autor. Si la palabra ensayo se siente muy cercana a “ensayo literario” y si los textos del libro reniegan de este parentesco por tener otra búsqueda, llamémoslo libro de no ficción. El bosque es entonces el primer libro de no ficción del autor y en palabras suyas el más personal. ¿Por qué? Hay varias razones. Una es que cada uno de los textos, si bien empieza abordando una obra artística o un personaje o una noticia trascendente, siempre termina inclinándose hacia un hecho personal, a veces personalísimo, de la biografía del autor. El registro diarístico no le es ajeno a El bosque. Otra razón es que el libro, ya no como obra publicada sino como manuscrito, acompañó a Derian durante varios años de su vida. Lo vemos en la ciudad natal, recordando la infancia. Lo vemos mudarse. Lo vemos incluso, si prestamos atención a los nombres femeninos que de vez en cuando deja caer, cambiar de pareja.
Los nuevos, la última y más extensa novela de Mairal, es también su regreso a los personajes adolescentes en textos de largo aliento. Desde el protagonista de Una noche con Sabrina Love, en la que un chico de pueblo se iba a la capital federal a encontrarse con su actriz porno preferida, el resto de sus novelas abordaron temas adultos: el padre, en El año perdido de Salvatierra; la involución/enfermedad en El año del desierto; la relación de pareja en La uruguaya.
Lo recibí ayer junto con otros tres libro del autor y lo empecé a hojear. Luego lo dejé en la barra de la cocina como suelo hacer con algunos libros que creo puedo leer mientras preparo el almuerzo o la cena.
Empecé a leer el libro durante la feria del libro al otro día de haberlo comprado. Anoté: "Leo gracias a la claridad que entra por la ventana mientras el bebé duerme y se cocina la salsa".
Primera novela de Aicardi, distinta en tono y propuesta de su segunda, Oliveros —más cercana a Stephen King, con niños y terrores de pueblo—. Aquí el registro es otro: la historia de un hombre de treinta años, edípico, que atraviesa la muerte de su padre. El relato se enmarca en un hogar dominado por la violencia: un padre brutal, una madre que lo idolatra con temor y un hijo que solo desea que su mamá sea feliz.
Aceptada la premisa de que alguien que pierde el lenguaje puede seguir siendo un ciudadano funcional, Bitar construye la más aireana de sus novelas. Es decir, al modo de César Aira: en apariencia ligera, especulativa, precisa, con un pie en la narración y otro en el pensamiento.
En febrero de 1945 los aliados bombardean Dresde. Esta nouvelle comienza unos días antes, siguiendo a una familia alemana víctima de la guerra. Pero de entre tantas familias destinadas a la tragedia, en esta hay una particularidad: la hija menor ha visto a la Virgen junto a un pozo de agua. Esa experiencia la marca para siempre, pues desde entonces escucha su voz y obedece sus órdenes. Esa obediencia, misteriosa y febril, será la que la guíe a través del infierno y le permita salir —¿ilesa?— de los escombros.
Lo primero que hay que decir es que este libro es parte de la serie De ahora en adelante. Una serie, si no autobiográfica, al menos en la que Bitar explora su vida, la revisita, haciéndola materia de su literatura.
Encontré la forma de El editor muy compatible con mis ritmos de lectura actuales: entradas que van de una línea a tres páginas, la mayoría de un párrafo. Una mezcla de diario, memorias y libro de curiosidades que se presenta como ficción.
El sábado 26 de julio llovía. Yo estaba en la peatonal, caminando y tomando un café mientras esperaba que me imprimieran unas veinte fotos del bebé para regalar por el Día de los Abuelos. En eso, pasé frente a Cúspide y recordé que unos meses atrás vi en su catálogo un libro que estaba buscando y lo encargué para retirar en la sucursal.
Novela de mini capítulos. Registro local. Pueblo y ciudad. Adentro y afuera. Personajes biográficos. Chicas en estaciones de servicio, el loquito del pueblo, la crecida, una familia postiza, la madre muerta cuya voz ya no se recuerda, el padre que se va a Paraguay, fumar, la noche, el colectivo de larga distancia que te lleva a la capital. "El colectivo salía a las doce y yo un rato antes cambié el paisaje para que nadie me fuera a despedir". El final, meta literario, no me gustó.
Escriba originalmente en 1992 y publicada en una revista mexicana, esta serie de viñetas sirven como una biografía de los años de Saer en la ciudad de Santa Fe. Son especialmente reveladores dos elementos. Uno, la entrada sobre El bosque alegre, puti club del cual eran habitués Saer y sus amigos. Dos, una foto en la que azarosamente son capturados, charlando en una esquina de la calle San Martín (la calle de Glosa) Saer y Maurer como hacían caso todos los sábados a la mañana durante los años del libro.
El poemario de una separación. El yo poético riega las plantas del departamento ene le que quedó solo, sale por inercia, toma cerveza. Está, se diría, en estado de espera. Hay cielo y estrellas, tierra, agua, plantas. Habitaciones, casas, cocinas, heladeras. Perros.
La salida de esta novela coincidió con mis vacaciones laborales, por lo que aproveché la semana para leer más de lo que venía haciendo desde el comienzo del año. Fue una buena casualidad.
Literatura infantil combina narraciones con ensayos. Está dividido en dos partes pero no me di cuenta de eso hasta que terminé la primera y vi en la siguiente página el II en números romanos. Entonces retrocedí y vi el I.
Es del tipo de libro de Aira que menos me gusta, es decir, aquel en el que la historia delira hacia adelante y no se puede saber qué va a pasar en el siguiente capítulo o hacia dónde irá la historia. Ni siquiera a qué personaje seguirá. Fuera de esto, hay largos pasajes que tienen una maestría narrativa envidiable. No digo nada nuevo.
Primera novela escrita por Juan José Saer aunque no la primera publicada. Es sin duda su novela con más diálogos directos, pero no por eso no aparecen en ellas otros rasgos que sí mantendrá: la morosidad en las descripciones, el elenco estable de personajes, las discusiones existencialistas, las caminatas, el tratamiento obsesivo de la luz. La historia transcurre en dos o tres días de marzo de 1961.
El libro está compuesto por cinco ensayos y un epílogo que contrabandea un cuento. El primer ensayo, "Metaverso, turismo espacial, inmortalidad, sojapunk", presenta un panorama general y compara estos temas con novelas clásicas de ciencia ficción. En su cuarta sección, aparece de manera inesperada Grobocopatel, un nombre que hacía años no escuchaba. Aunque su poderío millonario es menor al de los otros magnates mencionados, su inclusión resulta clave para uno de los ejes del libro. El segundo ensayo, que da título al libro, analiza cómo la ciencia ficción "le da letra" a las narrativas del capitalismo. Cito: “La ciencia ficción habilita al capitalismo las más extraordinarias fantasías: terraformación y colonización de otros planetas, minería extraterrestre, geoingeniería climática, expectativa de vida de mil años, turismo intergaláctico, inteligencia artificial al servicio de automatizar la totalidad del trabajo asalariado”. El tercero, "De la letra al acero", repasa los escritores de ciencia ficción que terminaron colaborando directamente con la industria tecnológica. El caso más destacado es el de Arthur C. Clarke, inventor de los satélites geoestacionarios. El cuarto ensayo aborda el cambio climático, un tema que claramente preocupa al autor. De hecho, su interés en esta problemática se refleja en su novela La infancia del mundo. El quinto ensayo, sobre "ciencia ficción comunista", es el más extravagante de todos. Aquí descubrí algo totalmente desconocido para mí: la Cuarta Internacional Posadista y su peculiar creencia en la ufología. Según esta corriente, los extraterrestres que lleguen a la Tierra serán inevitablemente socialistas. El último ensayo funciona como un repaso, conecta con el principio y cierra el libro. El epílogo incluye el cuento “Criptolombrices”, que disfruté mucho. Un punto negativo: los temas metaverso e inteligencia artificial son menos desarrollados que los viajes intergalácticos y la destrucción de la Tierra.
La primera vez que ojeé el libro en una librería (ya había visto circular su tapa), pensé que era el libro de un profesor y que las entradas eran clases, y que el contenido me excedía. Cuando me acerqué por segunda vez al libro, comprendí mi equivocación. Las entradas, que originalmente aparecieron en la web, parten de una idea, una anécdota o un poema, y "tiran de la cuerda" para que aparezcan otras ideas, anécdotas o poemas. Aparecen escritores admirados y amigos, muertos y vivos, algunos que reconozco y otros cuyos nombres funcionan como descubrimientos.
La historia es la de un tal Novoa, docente-investigador, quien de un día para el otro se "escapa" a Bahía Blanca, ciudad denostada por el imaginario colectivo y a la que viaja para "no ponerse a pensar". ¿En qué? Costará bastantes páginas enterarnos.