Colección particular (Gonzalo Eltesch)



Tapa de Colección particular (Gonzalo Eltesch)Este fue el último libro que compré en la Feria del Libro de Santa Fe el pasado agosto y el primero que leí de los de ese “botín”. Por nada en particular, tal vez por estar arriba en la pila. En una de las muchas pilas que se armaron en mi escritorio estos meses.

Lo compré en el stand de Chile y el editor me lo recomendó cuando le pedí una novela corta, después de que no le compré la edición que vendía de Bolaño por Bolaño, ya que yo tenía la original de Diego Portales. La única diferencia con la que ofrecía era un epílogo de Zambra que bien podía leer de pie en ese momento.

Ahora que me pongo a pensarlo, la razón por la que empecé a leer el libro fue por sus capítulos cortos. En promedio, media página, en un libro de páginas pequeñas. Algunos, de dos líneas. Era de mañana y Juani jugaba solo con sus imanes. Los capítulos brevísimos me permitían levantar la vista a intervalos regulares para asegurarme de que no se llevara los bloques a la boca.

El segundo sprint de lectura lo hice una mañana que fui al gimnasio y estaba cerrado. Me puse a leer mientras caminaba de una esquina a la otra, ida y vuelta. Nuevamente, los capítulos brevísimos me permitían no tropezar en los cambios de vereda.

Siempre que leo a un chileno me gusta ver cómo se desmarca de Bolaño y, de un tiempo a esta parte, cómo hace lo propio con Zambra. En este caso, el juego con la forma es la llave. De algún modo, dos historias se van intercalando. Una, en un presente poco definido, en la que el protagonista se relaciona con diferentes mujeres; otra, en el pasado, la historia del niño y de sus padres. Ninguna de las dos se cuenta en orden, pero la segunda es más nítida.

Hacia el final se pone un poco metaliteraria. Creo que no hacía falta. Y algunos de los capítulos de dos líneas podrían haberse eliminado. Más allá de eso, la novela cumple. Sus temas son la infancia, los padres, la memoria y Valparaíso.

Un subrayado: “Yo al principio sentía culpa por mi rechazo, sin embargo la costumbre es el mejor antídoto para las contradicciones”.

Mientras hoy leía las últimas entradas para dar por finalizado el libro llegué a una conclusión: la escritura fragmentada se beneficia de una lectura fragmentada. Me explico: creo que un libro como este —novela diario, pero sin orden e incluso con presente y pasado intercalados— gana si lo leemos intercalado con la vida, en lugar de hacerlo, como se dice, “de un tirón”. El aire que necesitó el escritor para armar el libro es entonces incorporado materialmente a la lectura.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8924903043

Adentro suena nuestra nave (Analía Giordanino)



Tapa de Adentro suena nuestra nave (Analía Giordanino)En una reciente charla pública con la autora, Analía me contaba que estos poemas surgieron en tiempos de pandemia. En particular, durante ese período soñó mucho. Tenía, entonces, un cuadernito en la mesita de luz y, cuando se despertaba, anotaba lo que había soñado y luego seguía durmiendo.

Ese material fue trabajado con el editor de Azogue y de ahí surgen estos poemas, que no buscan la resolución de los sueños mediante el psicoanálisis, sino mediante el juego con el lenguaje.

Mi favorito es el primero, por dos razones. La primera es que el protagonista es Keanu Reeves. La segunda es que el poema habla sobre escribir un cuento, y ese cuento es justamente el primero del siguiente libro de Analía en la misma editorial: Amiga Fantasía.


Original: https://www.goodreads.com/review/show/8872056219

Érase una vez en el Oeste (Leonardo Oyola)



Tapa de Érase una vez en el Oeste (Leonardo Oyola)De Oyola leí todas sus novelas (menos Gólgota, que nunca conseguí), dos libros de cuentos y algo de lo que se animó a publicar en poesía. Por otro lado, después de ser muy popular durante varios años en la escena literaria, en los últimos lo había dejado de ver. Por eso, la aparición de un nuevo libro me entusiasmó.

Las crónicas que lo forman no fueron todas escritas con el mismo fin ni durante un período dedicado al libro, sino que se trata más bien de textos reunidos: algunos existentes previamente y otros escritos ahora, cuando la idea del libro ya era una realidad en un futuro cercano.

Por supuesto, los textos fueron corregidos y editados en busca de cierta unidad. Sin embargo, no pude evitar notar un salto entre los primeros y los últimos. Dicho esto, todos tienen mucho de lo que fui a buscar, que no era tanto estilo (eso lo encuentro en las novelas) sino data: historias del autor-personaje, del escritor del conurbano.

Y si bien algunos pasajes me sonaban de entrevistas que había visto o leído, también hubo agradables hallazgos, como el texto sobre Ioshua, para mí el mejor del libro.

Un detalle interesante es que, a la hora de mencionar a otros artistas, Oyola se impone buscar coterráneos. Es decir, personas como él, que viven o vivieron en el Oeste. También aparece esa máxima que le escuché o le leí más de una vez: para escribir sobre el barrio hay que alejarse, física y temporalmente.

El último texto es justamente sobre el oficio de la escritura. Subrayé dos veces la misma idea, una vez en negativo y otra en positivo:

"...personas que no solo no escribían, sino que eran mezquinas a la hora de laburar, no dejaban todo lo que hay que dejar en lo que contamos".

"Y ya de lleno en el baile, ser uno mismo. No pretender ser otro".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8863319462

Vida de Fernando Callero / La casa de alto (Francisco Bitar)



Tapa de Vida de Fernando Callero / La casa de alto (Francisco Bitar)Este libro son dos libros. O mejor: son cuatro textos de Bitar. Y algunas otras cosas.

Lo primero que nos encontramos es la contratapa de Beatriz Vignoli, que es espectacular y que, según le oí decir al propio Bitar, debería ir como tapa del libro. Incluye pasajes como este: "En Rafaela lo recuerdan como 'Cayero', como quien dice: el de las calles (cayes, en rioplatense), y su mito es una estrella aparte. En Rosario es 'Calero', como si hubiese sido italiano alguna vez".

Apenas abierto el libro hay un prólogo de Eduardo Muslip que puede servirles especialmente a quienes no estén familiarizados con la obra de Bitar. Dejo como tarea su lectura, si correspondiera.

Luego viene sí el primer texto de Bitar, “Preludio”. Es breve y está muy en la línea de sus últimos libros (pienso sobre todo en Las investigaciones literarias): entradas cortas, atornilladas, con personajes conceptuales. Cumple muy bien su función: prepara el terreno.

Y entonces llega el plato fuerte: dos textos que componen la serie De ahora en adelante, iniciada en 2021 con la novela La preparación de la aventura amorosa. El primero es, como dice la tapa, Vida de Fernando Callero, volumen 5 de la serie.

Dividida en capítulos, esta breve biografía recorre la genealogía del poeta y de su poesía. A tal punto que, justo en el medio, se detiene en un poema que sería también el poema ubicado en el centro de su obra (o eso nos dice Bitar y no hay por qué no creerle: Perfeito). En esa sección la biografía deviene análisis poético: del yo lírico y de sus recursos. Es la parte más áspera del libro y, para alguien poco formado en poesía como yo, requirió dos pasadas.

Pero lo más importante que Vida de Fernando Callero representa dentro del libro es la vuelta de Bitar a los textos largos y compactos, que ya había olvidado que eran parte de su registro.

Antes del segundo texto anunciado en la portada aparecen unas diez fotografías de Callero, dispuestas a modo de álbum.

El volumen 6 de De ahora en adelante es La casa de alto, un ensayo muy en la línea de los últimos trabajos de Bitar: reconocible, digamos, aunque no llevara firma, y muy disfrutable. Es el ensayo sobre una obsesión. Cuándo no. Las casas de alto son descriptas como penachos que afloran por encima de las casas de bajo, más aburridas y limitadas en sus posibilidades. Después de un típico falso arranque, el texto se concentra finalmente en una experiencia concreta y termina, como suele ocurrir en Bitar, con un pasaje de la teoría a una práctica.

El último texto es una coda. No sé si al libro entero o solamente al volumen 6. Es un ensayo más breve, esta vez alrededor del concepto de “piano vertical”, e incluye un juego muy interesante entre el silencio y la mudanza. Podría entenderse que la mudanza es una variación de la que ocurre en La casa de alto.

Hay dos cosas que me hubiera gustado que fueran diferentes en el libro y que, creo, le habrían dado un poco más de cohesión al conjunto. Cohesión que el libro no necesita, pero, puesto a comentar, no me contengo.

La primera: el grupo inicial de fotografías de Callero termina con una foto suya en una terraza. El epígrafe bien podría haber sido “En la casa de alto” y así engarzar, casi sin esfuerzo, con el texto siguiente.

La segunda: la coda se apoya en un poema de Daniel Durand. Callero y Durand no están en universos separados. Aun así, cuánto más cerrado habría quedado todo si Bitar hubiera podido escribir ese mismo ensayo a partir de un poema de Fernando Callero.

Última parada del libro: más fotos de Fernando. Unas cinco.

En conclusión, es un artefacto complejo, con ideas y recursos que se proyectan hacia atrás y hacia adelante en la obra de Bitar. Tal vez convenga tener esa obra un poco recorrida para apreciarlo en toda su dimensión. O no. Tal vez me equivoque y alguien que lo lea por primera vez, quizá llamado por el nombre de Callero en la tapa, encuentre acá algo completamente diferente y maravilloso.

O, en un término más acorde con Callero: hermoso.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8849571889

Decadas escalas miniaturas (Juan Vitulli)



Tapa de Decadas escalas miniaturas (Juan Vitulli)Décadas escalas miniaturas, sin comas que separen las tres palabras, es un tríptico, un libro de tres cuentos que puede pensarse como tres placas que se pliegan sobre sí para hacer una.

El primer cuento transcurre en los ochenta y desde el principio nos advierte que los protagonistas, a los que ya vemos caídos en amarguras, caerán más hondo. La pareja es asimétrica: una docente y un obrero. La ubicación en el tiempo remarca una diferencia que tal vez hoy no sería tal. Sin embargo, los protagonistas, o quienes llevan adelante la acción, no son ellos, meras marionetas, sino unos niños. Uno que, sin serlo del todo, podemos ubicar en el rol del narrador, y otro que aparece solo en el momento justo de quebrar una trayectoria, de arruinar, si no estaba ya arruinada, la existencia de la pareja.

Diez años más tarde, en el segundo cuento, vuelve a haber una pareja, o la promesa de una. O la intención de que exista, por parte de uno de los dos. De él. En "Brutalismo", así se titula, el clímax ocurre dentro de la Biblioteca Nacional, uno de los edificios emblemáticos de Clorindo Testa, y la arquitectura no funciona solo como escenario: esas masas de hormigón, sus desniveles y espacios desmesurados acompañan algo que también se viene construyendo de manera incómoda entre los personajes. Hasta que un hecho puntual, pequeño en comparación con todo lo que venía acumulándose, cambia de golpe el tono de lo que estamos leyendo.

En el tercer cuento ya no hace falta un detonante como en los otros dos (de los cuales me gustó especialmente el del segundo, por la manera natural, casi inevitable, en que se inserta en la historia): acá todo es tensión. No hay que esperar a que algo rompa el equilibrio porque el equilibrio ya está roto desde el comienzo. Y quizás sea ahí donde las tres piezas terminan de plegarse: distintas décadas, una misma escala musical, miniaturas de vidas enfocadas de cerca que parecen avanzar por su cuenta hasta que un gesto, un accidente o una decisión revelan lo frágil que era su trayectoria.


Original: https://www.goodreads.com/review/show/8849452290

Los dos payasos (César Aira)



Tapa de Los dos payasos (César Aira)A veces se acusa a Aira de escribir siempre la misma novela. Quienes lo hacen deben de haber leído solo dos o tres de sus más de cien, y la estadística no los favoreció. Es verdad que hay novelas que pueden reconocerse como “hermanas”, parte de un grupo de novelas de un impulso similar. Por ejemplo: “viejo sabio repasa su vida”, “recuerdo de un fragmento de infancia” o “locos acontecimientos se suceden”.

Sin embargo, este caso no solo es diferente de todas las que he leído (pocas, poco más de veinte), sino que es la más diferente hasta el momento.

La novela es la narración de un sketch de payasos que hacen su número mientras trabajadores del circo levantan la jaula necesaria para el espectáculo principal. Por supuesto, hay un prólogo a esto: el escenario del circo, las apariciones previas, otros miembros de la familia circense. Y dentro de ese sketch principal el centro es un chiste, viejo y nuevo en partes iguales, que se reinicia una y otra vez para sostener la “trama”.

Dentro del chiste, que no voy a explicar, aparece una cuestión sobre el uso de comas en un texto. Parafraseo: “por gusto de provocación o de chiste, esta frase podría haber llevado más comas”. Y en ese momento pensé (estaba a punto de irme a dormir, eran mis últimos minutos lúcidos del día): ¿no será esta novela una gran broma cuyo blanco secreto es Saer?

A las seis de la mañana, después de hacer dormir al bebé, me desvelé y terminé por levantarme para terminar de leer la novelita. De la noche anterior recordaba mi teoría trasnochada. También recordaba la nota mental: al llegar al final, mirar el año en que Aira la fechaba: 1994.

La mayor, el cuento de Saer en el que el uso de las comas llega a su extremo, se publicó en 1976. Si la diferencia de tiempo hubiera sido menor (digamos, un año), la teoría habría tomado fuerza. Entonces fui a revisar otros datos. En 1994 sale la novela más “popular” de Saer, La pesquisa. ¿Podría esa irrupción en la prensa cultural haber activado en Aira un viejo resquemor y empujarlo a concretar su pequeña venganza payasesca?

Recordé la famosa reseña de Aira a Glosa. Es de 1987. La releí. Rescato un fragmento: “Saer ha venido perfeccionando, quizás involuntariamente, su costado 'thriller', la creación de un interés hipnótico y esa suerte de impulso deseante por llegar al final, deseo tematizado al modo paradójico aquí, pues de lo que se trata es justamente de la eternización del instante de felicidad. En esta clase de thriller, lo que induce la velocidad de la lectura no es saber quién fue el asesino, sino cómo se las arreglará el autor para llevar a buen puerto un proyecto tan improbable de novela".

Es genial. Pienso: ¿No podría aplicarse también a Los dos payasos? Ciertamente mientras la leía me encontraba pesando cómo se las arreglará Aira para llevar a buen puerto ese proyecto de novela.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8752165872

El congreso de literatura (César Aira)



Tapa de El congreso de literatura (César Aira)Ayer leí El congreso de literatura. Algo que me llamó la atención es que siempre que oía mencionar al libro era con el subtítulo de “la novela de los clones de Carlos Fuentes”. Sospecho ahora que esa afirmación viene de personas que leyeron la contratapa más que de lectores del libro.

Sí, el protagonista, científico loco que es trasunto de escritor genio, tiene la intención de clonar a Carlos Fuentes (como parte de un plan mayor) y por eso lo intenta en el congreso de literatura al que es invitado, pero, spoiler alert, esto nunca se concreta. Si tuviera que resumir la historia diría, más bien, que es el informe de esta mastermind de una de sus fracasadas ideas. El plan, su preparación, ejecución y control se mezclan con el diario de los días de residencia en el hotel venezolano donde se desarrolla el congreso.

Pero lo anterior es la capa superficial, ya que el mismo texto nos advierte de que todo eso es una fábula utilizada por el narrador para hablar de algo más. ¿De qué habla? De sus procesos de escritura, ¿de qué, si no?

Entonces, si el científico loco es metáfora del escritor, ¿de qué es metáfora la clonación?

Un tópico que enfrenta la novela es el de la distinción entre literatura y vida como asuntos separados. Y en ese discurrir también llega a la separación mente/cuerpo. Casualmente, dos de las tres citas que transcribí pertenecen a estos dos campos.

“A una idea la enriquece el pasaje a otro cerebro”.

“Para el corazón el tiempo no pasa”.

El final, que muchas veces en las novelas de Aira es denunciado como delirante, en este caso lo es, pero también es congruente con todo lo que pasó antes.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8722982800

Verde y blanco (Martín Prieto)



Tapa de Verde y blanco (Martín Prieto)Pequeño libro de poemas, creo el primero del autor. Lo leí en la edición original, inhallable, me dijo el vendedor del anticuario El Enamorado cuando me lo llevé, luego de también elogiarme el buen ojo.

Poemas breves y, en su mayoría, directos, a diferencia de los de otro poemario del mismo autor, escrito más de veinte años después, que también tuve ocasión de leer. En el medio habrán distintas modulaciones, imagino, ya pillaré otro.

Destacan, según mi criterio, el segundo, "Lo cotidiano", "Dos pasiones argentinas", dedicado a Daniel Helder (y a alguien más), y el último, la sorpresa de la compra, dedicado "Para Saer", "De la percepción".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8717285630

En el pensamiento (César Aira)



Tapa de En el pensamiento (César Aira)En una taxonomía posible de los libros de Aira, esta novela caería en la misma categoría que Margarita (un recuerdo). Aquí está el recuerdo del niño remoto, la ficcionalización y el engorde del pasado familiar, y la certeza de que el adulto que vendrá será un artista pese a la herencia burguesa.
Si embargo en esta, en comparación con aquella, los procedimientos son más explícitos, el narrador mirar más de frente al lector y el final se fuga con más fuerza.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8714349628

El divorcio (César Aira)



Tapa de El divorcio (César Aira)Si el mecanismo más famoso atribuido a Aira es la fuga hacia delante, esta novela ensaya una variante: la fuga con retorno al origen. ¿Cuál es ese origen? Está en el título: el divorcio de un ignoto norteamericano que decide fugarse a un país del sur mientras se calman las aguas de su desvinculación. Recala en el barrio porteño de Palermo y rápidamente se integra a su vida hedonista.

Desde ese lugar, un bar intercambiable entre los muchos que florecen allí, y mientras charla con un personaje típico de esa fauna, algo acontece. Ese instante es rebanado y, del espacio entre las fetas del tiempo, salen historias que el narrador omnisciente persigue hasta el último detalle, llevando el recurso hasta el límite.

Si el libro fuera un libro de cuentos, estas serían las historias que lo conformarían:

* la de los niños del internado que, al escapar de un incendio, terminan apretujados dentro de una maqueta del propio internado;
* la del niño aprendiz de escultor que no es tal, con su spin-off sobre un Krishna viviente;
* la de la madre de uno de los personajes, atacada con cinco balazos en la cara, y su recuperación imposible;
* la biografía de la mujer de la historia anterior y su increíble carrera laboral que lleva a un misterio bibliográfico;
* la fábula final que vuelve verosímil todo lo anterior.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8662359183

Las curas milagrosas del Doctor Aira (César Aira)



Tapa de Las curas milagrosas del Doctor Aira (César Aira)Las curas milagrosas del Doctor Aira es una novela típica de su autor en el sentido de que empieza a tientas, con dos partes en apariencia inconexas en las que se presenta al personaje (que, para mayor juego, lleva el nombre del autor): su estado actual y su historia. Hasta ahí, una novela de peripecias.
Pero en la tercera parte acontece la magia: la cura. El doctor, de quien sabemos que intuyó el método de las curas milagrosas en su infancia pero que en realidad nunca lo puso en práctica, encuentra su oportunidad. La novela, en esa última parte, se vuelve borgeana, con herramientas de El Aleph y de Funes el memorioso. Las últimas 25 páginas son de una maestría para narrar ideas abstractas que es para sacarse el sombrero. El sombrero metafísico.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8633908425

Retrovértigo / La novia inglesa (Sebastián De Caro)



Tapa de Retrovértigo / La novia inglesa (Sebastián De Caro)El libro esta formado por dos novelas cortas, pero en lugar de ser una a continuación de la otra tenemos una y para leer la otra hay que dar vuelta el libro y volver a empezar. Es decir, es un libro con dos tapas. No tiene contratapa.

Retrovértigo me pareció un buen planteamiento pero no me terminó de convencer la forma en que está contada. Y no me refiero a los pocos capítulos que saltan de personaje o de escena, sino que el problema para mí está al interior de cada capítulo. Como si los capítulos en lugar de ser narrados fueran contados, hablados. Puede ser una búsqueda a propósito pero no me convenció.

La novia inglesa me gustó mucho más. Tiene un arranque que recuerda a las películas de Llinás: "La novela empieza así", un par de falsos arranques, luego una narradora femenina, luego la irrupción de algunos eventos inesperados. El final no me gustó.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8547128769

El buen mal (Samanta Schweblin)



Tapa de El buen mal (Samanta Schweblin)El 26 de marzo, después de varios mensajes e intentos fallidos, pude coordinar, con un usuario de internet a quien no conocía, el intercambio de mi ejemplar de La hija de Keops, de Laiseca, por su El buen mal, de Samanta Schweblin. El libro estaba sonando y me dieron ganas de leerlo. Unos años antes había leído Distancia de rescate en una sola sentada. No tuve nunca en las manos sus anteriores libros de cuentos, pero leí algunos en internet. Tal vez, uno de cada uno. Tengo Kentukis en la biblioteca. Me la prestó una amiga hace unos años y nunca se la devolví. No la leí. Recuerdo haber empezado a hacerlo y desilusionarme. Luego leí malas críticas en internet y me amedrenté. Se sabe: como lector, a veces soy cobarde.
Empecé a leer El buen mal ese mismo día, tarde, después de un viaje largo. No terminé el primer cuento y creo que luego tampoco pude leer ninguno de corrido. No fue por falta de mérito de los cuentos sino por incapacidad mía de allocar suficiente tiempo seguido para cuentos largos. El libro tiene seis. Rescato de mi diario algunas notas de cada uno:
“Bienvenida a la comunidad”, aka “el del conejo”: terminé de leer el primer cuento de El buen mal. Venía muy bien y se pinchó. La idea original es que los suicidas fallidos deben causar dolor a alguien cada día para que la culpa les impida intentarlo otra vez. En mi opinión, el cuento debería haber terminado con ella matando al conejo.
“Un animal fabuloso”, aka “el del caballo”: recién en la tercera página me di cuenta de que la narradora y Elena tienen la misma edad. Yo me imaginaba a la narradora con la edad de la autora. ¿Cuarenta y pocos años? La solapa dice que nació en el 78. Samanta Schweblin tiene entonces seis años más que yo: 46 o 47.
“Muchos padres sobrevaloran el talento de sus hijos”. Subrayo esto porque me puede servir.
Me levanté a las 7:30, cosa que no hacía desde hace rato, y terminé de leer el segundo cuento de El buen mal. Un cuento sobre la muerte de un hijo. Se me hizo un poco abrupto el final. Y un poco extraño. Tiene algo de Distancia de rescate. La metamorfosis del niño en caballo.
“William en la ventana”, aka “el del gato”: después de tres cuentos tengo que confirmar lo que leí en alguna reseña del libro: que los cuentos logran tanta tensión que el final siempre decepciona.
En este punto de la lectura había hecho una pausa de un par de semanas, pero la tarde del 8 de abril leí en las noticias que Samanta Schweblin había ganado un millón de euros precisamente con este libro de cuentos. “Toca retomarlo”, anoté en mi diario.
El cuarto cuento es el gran hit que todos mencionan como su favorito: “El ojo en la garganta”, aka “el de la pila”. Una de las razones por las que había pausado la lectura del libro fue porque no sabía con qué me iba a encontrar en este cuento. Sabía que era sobre un padre que está cuidando a su bebé y el bebé se traga una pila. En mi condición de padre primerizo y reciente, me daba escalofríos. Leí los dos primeros bloques del cuento antes de irme a dormir.
Terminar de leer el cuento me llevó tres días. ¿No haberlo leído de corrido pudo haber afectado mi percepción y mi disfrute? Como dije, temía que me afectara la temática, pero nada de eso pasó. Lo que sí me conmovió fue un momento cerca del final. En particular la línea: “No te preocupes, papá, hemos sido felices, al principio”. Es un cuento que releeré.
“La mujer de Atlántida”, aka “el de las hermanitas”. Mi preferido del conjunto. Casi una nouvelle. Las seguís durante las noches de sus vacaciones y las ves. No solo las ves: querés ser parte de su “bandita”. Me volvió a pasar algo con el final: no es el que esperaba, en el sentido de que no termina de explicarme todo. Pero está bien. Esa es la jugada. Eso es lo buscado. Y, retrospectivamente, me hace apreciar los otros finales. Sobre todo el de “El ojo en la garganta”, donde uno parece quedarse con muchos cabos sueltos.
El último cuento del libro es “El supervisor hace una visita”, aka ¿“el del geriátrico”, “el de la vieja”, “el del dueño de un gimnasio” o “el del ladrón”? Es el más raro del libro. O, mejor dicho, el más distinto de los otros. Está narrado en tercera persona, los personajes putean, hay más violencia. ¿Quién es el Supervisor, Dios? Parece un cuento que cambia de dirección al menos tres veces. En mi humilde experiencia de cuentista, eso me ha pasado: empezar con una idea, no saber adónde llegar, después tener otra, engancharlas y pensar que funcionan. O tal vez hay detrás de todo el texto una idea más compleja que no alcancé a captar.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8527596264

Cuando levantas la mirada (Decur)



Tapa de Cuando levantas la mirada (Decur)Creo que esta es la primera novela gráfica de Decur. Antes publicó libros que eran recopilaciones de tiras cómicas y viñetas.
Cuando levantás la mirada es la historia de un niño que se muda con su madre a un pueblo. El niño tiene teléfono celular, un detalle de época que Decur decidió agregar y que, la verdad, no combina mucho con su universo de muebles antiguos de madera lustrosa, instrumentos de viento aparatosos y bicicletas de una rueda enorme. Pero vale el gesto de intentar anclarlo a la realidad aunque luego el celular no participe de la trama.
La cuestión es que Lorenzo, así se llama el niño, encuentra en una habitación un escritorio de muchos cajones y vericuetos. Esto sí es un elemento bien decuriano. En el mueble encuentra escondida una libreta con historias hechas con collage. Entonces el libro, el que estamos leyendo, va intercalando en la historia de Lorenzo esos “cuentos”.
Debo decir que al principio me sentí un poco perdido, incluso timado, por el recurso. De hecho, abandoné el libro por unas semanas. Pero, PERO, PERO, un pero en mayúsculas: luego del último cuento hay un giro en la historia que me conmovió. Además, se da algo que puede hacer el cómic y no otras formas narrativas: sorprenderte a vuelta de página. Lo voy a contar.
En el último cuento, un ratoncito flota en el mar dentro de una caja de fósforos. En un momento escribe una carta en la que dice que necesita que lo encuentren. Dice: “La puse en una botella y la arrojé”. Pasa mucho tiempo. MUCHO. Los bigotes del ratón se ponen blancos. Hasta que aparece un extraño navegante, o más que navegante, cosmonauta, por cómo está vestido, y le pregunta al ratón: “¿Esta carta es suya?”.
En primer lugar, esto me resonó porque con Pato Bordes craneamos recientemente un epígrafe para la nouvelle La mujer que saltó. Escribimos: Quien arroja al mar un mensaje en una botella espera ser rescatado. Pero el libro de Decur nos refuta. Luego de que el cosmonauta y el ratón comparten una porción de torta y el viajero se va, dice el ratón: “No quería que me rescaten, solo quería que me encuentren”.
Ahora volvemos a la historia principal. Lorenzo acompañó a su madre a un hogar de ancianos. Ella está buscando trabajo. Entonces oye que dos mujeres que trabajan ahí comentan sobre alguien que siempre está recortando papelitos. Lorenzo sale en búsqueda de la habitación mencionada. Cuando la encuentra, abre la puerta y pregunta: “¿Gregorio?”, el nombre del ratón. ¿Sí?, le contestan. En el siguiente par de páginas volvemos a ver al cosmonauta y al ratón, uno en cada extremo. El cosmonauta pregunta: “¿Este cuaderno es suyo?”. Me pareció simplemente genial. Los cuentos anteriores se resignifican y ya nos deslizamos hacia el final.


Original: https://www.goodreads.com/review/show/8438031262

Margarita (un recuerdo) (César Aira)



Tapa de Margarita (un recuerdo) (César Aira)El sábado pasado estuve en un casamiento y charlé con una niña llamada Margarita. Su nombre me quedó resonando y por eso el domingo pasado elegí esta novela de entre las muchas de Aira que tengo por leer.
En el verano de 1956-1957 nos encontramos con un joven ¿Aira? que acaba de cumplir dieciocho años, vive en un pueblo que considera chato para sus intereses intelectuales y no ve la hora de irse a vivir a Buenos Aires.
¿Qué hace ese verano? Además de dedicarse a lo que se ha dedicado los últimos años (leer), también escribe por primera y única vez poesía.
Me llamó la atención un detalle de la libreta en la que escribe: “Tenía al pie de la tapa el nombre de una marca de tractores”. Me informan que este detalle todavía coincide con la biografía del autor, pero lo que sucede en el siguiente capítulo, creo yo, ya entra en el terreno de la imaginación.
La familia del protagonista tiene un caserón en el campo donde toda la parentela pasa los veranos: muchas habitaciones, núcleos familiares que van y vienen, salen y entran. Los hombres trabajando, las mujeres cocinando, los niños jugando.
Termino el capítulo IV y Margarita apenas si ha sido mencionada. Temo que suceda lo que pasa en novelas como La aventura, que la aventura nunca es mencionada.
Pero no, esta no es ese tipo de novela de Aira. En el capítulo V Margarita aparece, y cómo. El capítulo es un largo poema en prosa donde vemos a la chica reflejada en el alma del protagonista. Subrayo mentalmente: "los libros que yo había leído se llenaban con pruebas que ella había vivido, su memoria se ajustaba a bastas bibliotecas que se volvían nuestro tesoro común".
El sexto y último capítulo no será spoileado en esta reseña.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8388523733

Parménides (César Aira)



Tapa de Parménides (César Aira)Sobre César Aira se suele decir que en un momento de la escritura se aburre y termina las novelas abruptamente. En particular, el ejemplo canónico de este procedimiento que escuché más de una vez es el de una novela en la que al final al protagonista lo mata un caballo. Punto final.
Mientras me acercaba al final de Parménides, empecé a sospechar de que probablemente me encontrara frente a esa mentada novela.
Lo comprobé, por supuesto, en la última oración. Pero debo manifestar que esta no parece para una una novela terminada a las apuradas. Es más, debo decir que de las últimas que vengo leyendo es la menos arrebatada de todas. Es más, debo decir que no es para nada arrebatada.

Luego de este prólogo, la reseña.

El tagline de esta novela bastante conocida de Aira es "la historia del primer ghost writer". Efectivamente, leemos la historia de Perinola, un poeta de supuesta fama que Parménides manda a llamar para escribir un libro. ¿Cuál libro? No importa, un libro. Uno que será importante.
Lo que sigue es otro procedimiento que aparece en varias de sus novelas, la dilación. Lo que se promete (muchas veces incluso desde el título, como en La aventura) nunca llega.
¿Nunca llega? Bueno, para hacer honor a la verdad, hay dos veces en los diez años que dura la relación comercial devenida en amistad en los que Perinola se sienta escribir.

"Era como si, dado el tiempo suficiente, los hechos de la vida pudieran crear el sentido de cualquier combinación de palabras".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8194537620

Literatura o muerte (Agustina Bazterrica)



Tapa de Literatura o muerte (Agustina Bazterrica)Los ensayos de este libro son una unidad. Recorren la obra de Agustina (3 novelas y un libro de cuentos) y su forma de escribir. Más que interesante para quien esté interesado en métodos y en obras contemporáneas.
Un subrayado: "la escritura atraviesa el cuerpo y el cuerpo atraviesa la escritura".
Como me esperaba, aparecen muchas menciones a Saer.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8266439840

El panadero (César Aira)



Tapa de El panadero (César Aira)Si existe un tipo de novela de César Aira en la que cada capítulo redefine al anterior, el caso más simple es aquel en el que durante la primera mitad del libro creemos estar leyendo una cosa y en la segunda mitad eso se redefine por completo. El panadero es una novela de ese tipo.

Empieza con una anécdota cotidiana: el personaje principal y narrador, un escritor con sequía de escritura, cruza a comprar el pan a la panadería de enfrente. Allí, las vendedoras descubren en una revista dominical barrial que él es un gran escritor y le piden que les lea el fragmento publicado en el último número.

Entusiasmado con su nuevo público y con la exposición en voz alta, el escritor escribe todos los días un nuevo texto para su pequeña audiencia. Mientras tanto, el panadero se mantiene al margen, silencioso, detrás de la caja registradora.

Pero un buen día llega y hay un problema. El panadero se ha vuelto loco y se ha amotinado dentro de la panadería. Temen “que cometa una locura”. En lugar de volver a su casa, el escritor se queda cuando es convocado para encontrar al panadero por los recovecos del edificio y hacerlo entrar en razón. Acá me da gracia una reflexión del narrador (que es el personaje, que en definitiva es Aira): decide quedarse porque “si me embarcaba en la aventura, me daría tema para escribir”. La ficción y su tema. El chiste es que Aira tiene un texto titulado El ensayo y su tema.

Después de meterse en las tripas del edificio, llega la parte de la redefinición. Nos enteramos de que el panadero y el escritor se conocieron de jóvenes. Esta historia (lo más logrado de la novela) reorganiza todo lo anterior. No avanzo más para no arruinar la sorpresa.

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8162239100

La Sala: Una novela francesa (César Aira)



Tapa de La Sala: Una novela francesa (César Aira)Según mi diario, leí el primer capítulo de La sala el 23 de noviembre, en un kiosco de Aeroparque. En mi siguiente visita a Buenos Aires compré la novela, junto con otras diez o más. Las dejé todas sobre el escritorio y, después de Una aventura, se me antojó seguir con esta, quizá porque ya la tenía “empezada”.

Derian me dijo que César Aira la escribió en francés y luego la tradujo. ¿Será? La novela es de 1996 y el protagonista es un electricista proletario que encontramos viviendo en un barrio más bien bohemio de París. ¿Qué hace ahí? Nos enteramos bastante más tarde, en uno de esos giros característicos de Aira en las novelas capituladas.

Aunque en estas novelas de peripecia Aira suele cambiar las reglas del juego a medida que avanza la trama (el personaje se encuentra con una anciana coreana que luego no es coreana ni mujer; ve a Marguerite Duras y razona varias páginas sobre por qué podría estar ella ahí y luego resulta que no es; consigue un trabajo para escribir una tesis, pero resulta que el puesto es realmente para almacenar mercadería de contrabando), en esta el recurso está más contenido y no llegó a exasperarme como en Un filósofo.

"Debería atesorar la calma que estaba sintiendo en ese momento, guardar la esencia y usarla cuando me hiciera falta".

Original: https://www.goodreads.com/review/show/8147726301

Tuitear (Joana D’Alessio)



Tapa de Tuitear (Joana D’Alessio)El inicio y origen del libro es una anécdota mínima y reconocible. Tras romper con su novio, alguien frena por completo su intensa actividad tuitera para que él crea que le pasó algo y le escriba. No sucede. Pero sí ocurre otra cosa: muchas otras personas se hacen eco. Desconocidos le preguntan si está bien.
Ese desvío alcanza para poner en primer plano una de las ideas más interesantes del ensayo: lo que se escribe en Twitter constituye un personaje. Este, en particular, nace durante la pandemia y se afina con el tiempo hasta alcanzar una voz propia.
No soy lector de la era dorada de Joy Division: llegué cuando ya existía Vinilo Editora y cuando “las nenas”, los personajes del personaje, ya eran preadolescentes.
El librito es también registro de esa edad de oro que termina con la llegada de Elon Musk y el renombre a X. Tengo mi propia anécdota personal al respecto: tenía un bot bastante popular que, después de los cambios de gestión, dejó de funcionar y nunca rehabilité. Ahora, con el advenimiento de las IA esclavas, tal vez podría poner a una a arreglarlo. Robots que arreglan robots, pero estos robots no son de metal sino de lenguaje; ningún escritor de ciencia ficción vio venir eso. Perdón, me estoy desviando.
El texto cierra con una selección de los mejores tweets de Joy Division (¿o debería decir tuits?). ¡Ah! El lenguaje. Tuitear se ve mejor que twittear, pero tuit languidece frente a tweet.




Original: https://www.goodreads.com/review/show/8155792002